Ningún trabajo es demasiado pequeño

La relajación de las restricciones de cierre hizo que miles de alemanes cogieran sus toallas de playa y se dirigieran a Palma de Mallorca. Pero como la demanda superaba con creces la oferta de aviones de fuselaje estrecho, sólo había una herramienta para el trabajo, como descubre Vasco García

Flotas en tierra, personal despedido, rutas suprimidas. La pandemia del COVID-19 ha hecho mucho para poner de rodillas a la industria de la aviación y, mientras los departamentos de finanzas desplegaban sus bolígrafos rojos, los Boeing 747 de una serie de aerolíneas recibieron órdenes de marcha. British Airways, Virgin Atlantic, China Airlines, KLM, Qantas, Corsair... parecía que no había un 747 configurado para pasajeros en ningún lugar del mundo que pudiera considerarse seguro.

Aparte de Alemania, donde la demanda acumulada de un poco de sol veraniegolargamente esperado llevó a Lufthansa a desempolvar su flota de 747-8i. Sin embargo, los jumbos de cuatro clases y 364 asientos de la aerolínea de bandera alemana fueron retirados de la zona de confort de sus habituales viajes transatlánticos e intercontinentales a ciudades lejanas como Shangai, Sao Paulo y Los Ángeles. En su lugar, serían enviados de Frankfurt a Palma, con un tiempo de vuelo de algo menos de dos horas.

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