Paseando por la historia: un viaje a Bottisham

Puede que el Museo del Aeródromo de Bottisham no tenga una larga lista de aviones expuestos, pero eso no significa que no sea rico en historia, como descubrió Richard Foster

¿Alguna vez ha sentido un escalofrío en presencia de la historia? Es como si los pelos de la nuca percibieran que los acontecimientos pasados están al alcance de la mano. Hay muchas cosas que pueden evocar esa sensación: el lugar de una batalla famosa, por ejemplo. O visitar una casa señorial. ¿Pero un Ford Fiesta rojo?

Ese Fiesta estaba aparcado en la hierba, a unos cien metros de la cafetería del museo que estaba visitando. Si retrocediéramos 80 años, los Mustang P-51 estarían aparcados donde ahora está el Fiesta. Imagínese la escena: jóvenes aviadores estadounidenses, empapados de sudor tras otra salida sobre Normandía y desesperados por café y cigarrillos, se apresuran a dar parte. El personal de tierra comienza a arremolinarse sobre estas máquinas cansadas, preparándolas para su próxima misión.

Las voces, los olores, los colores; puedes imaginarte la escena mientras saboreas tu té y te zampas un pastel. Esa es la magia del Museo del Aeródromo de Bottisham, en Cambridgeshire. "Queremos que la gente retroceda en el tiempo", sonríe Jason Webb, presidente del patronato del museo. "Queremos que la gente sienta ese escalofrío".

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